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lunes, 6 de febrero de 2017

DIEZ AÑOS DE LA MUERTE DE ÉRIKA ORTIZ, LA TRAGEDIA QUE MARCÓ A LA REINA LETIZIA

MONARQUÍA

Diez años de la muerte de Erika Ortiz, la tragedia que marcó a la Reina


Erika Ortiz y Antonio Vigo, el día de la boda de los Reyes, en 2004. GTRES

Tras el suceso, los Ortiz Rocasolano decidieron desaparecer del mapa mediático y hoy viven prácticamente en el ostracismo

Este martes, 7 de febrero, se cumplen diez años de un suceso que conmocionó al país: Erika, la hermana pequeña de la Reina, apareció muerta en la casa de Valdebernardo donde vivía, que era propiedad de Doña Letizia. Tenía sólo 31 años, una vida con bastantes penurias a sus espaldas y una hija de seis, Carla, fruto de su relación con el escultor Antonio Vigo, un licenciado en Bellas Artes como ella del que se había separado meses antes.
En el entierro celebrado en el tanatorio de La Paz, Vigo se encaró con el propio Don Juan Carlos. Según explica un personaje del entorno regio, "el tsunami que produjo en esta gente sencilla emparentar con la Familia Real a raíz del compromiso de Letizia con Don Felipe les superó, sobre todo al convertirles en foco de atención de los medios de comunicación. Especialmente a Erika, la más vulnerable, muy tocada además por su separación. En este difícil trance, intentaban encontrar respuestas y en buena medida lo atribuían a que Erika no fue capaz de afrontar su condición de personaje mediático".
La tragedia supuso un antes y un después para los Ortiz Rocasolano que, llevados por una mezcla de dolor e instinto de auto protección, pasaron de ser personajes fijos del escenario mediático de este país a casi desaparecer del mapa, con la aquiescencia de la Casa Real, que facilitó su tarea de "evaporarse". Empezando por el abuelo materno, Paco, el taxista, que hacía las delicias con sus ocurrencias. Tras morir Erika en 2007 y su mujer, Enriqueta, en 2008, cayó en total ostracismo hasta el punto de que su entierro en julio de 2015 fue casi un secreto de Estado. Algo parecido sucedió con la locutora Menchu Álvarez del Valle, la antes omnipresente abuela paterna, que a sus 89 años vive recluida en su villa La Arquera de Ribadesella, que sólo abandona para acudir a su tertulia femenina El Garabato.
La única mácula en su discreción es su hija Henar, la tía podemita de Doña Letizia, cuyas deudas llevaron ante el juez a Menchu y a Jesús Ortiz, padre de la Reina, por alzamiento de bienes, aunque la causa se archivó. Hoy está de nuevo en el ojo del huracán por su supuesta implicación en la venta de unas imágenes de la primera boda de Doña Letizia, algo que ella niega.

También los padres de Doña Letizia Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano han recuperado buena parte de su privacidad, e incluso Telma, la bella "hermanísima".
En el caso de Jesús Ortiz, ya no manda de avanzadilla a sus compañeros de trabajo, como antes hacía, para comprobar si hay paparazzi en el restaurante donde almuerza cotidianamente. A sus 66 años, sigue ejerciendo como jefe del área de formación en Estudio de Comunicación, la consultora del periodista Lalo Azcona, algo que le permite estar en la sombra. "Dejó las tareas de consultoría a petición propia, no iba a estar el padre de la Reina tratando con periodistas", asegura un compañero. La empresa ha trasladado su sede a la zona de Cuatro Torres, con parking, lo que permite a Jesús ir en coche a trabajar. Almuerza con compañeros en restaurantes de la zona y por la tarde suele recoger a su mujer, Ana Togores, al trabajo y toman un aperitivo antes de ir a su casa, ubicada en Prado del Rey, en las afueras de Madrid. Acude también al gimnasio un par de veces a la semana e incluso hace la compra en Carrefour, donde logra pasar inadvertido, gracias a que su protagonismo mediático se reduce hoy al día 6 de enero, cuando los Reyes con sus hijas, Leonor y Sofía, acuden a su casa para tomar el roscón.
Una privacidad similar disfruta su ex mujer, Paloma Rocasolano, de 64 años, cuyo protagonismo público se limita a su presencia anual en los premios Princesa de Asturias, ceremonia a la que no falla. Hoy desempeña un puesto institucional en la fundación del sindicato Satse, en el área de cooperación internacional, y ha cambiado el barrio de Moratalaz por un apartamento en Ópera, junto al palacio de Oriente, cerca de su trabajo y también del centro de Estudios Marañón, donde desde 2012 ha retomado su carrera de Geografía e Historia. En su tiempo libre se reúne con amigos del sindicato, con los que va al cine o a tomar una caña.
Vive volcada en sus cuatro nietas. Cuando Doña Letizia tiene un viaje, se instala en Zarzuela para cuidar de Leonor y Sofía. Las lleva al parque, a museos, o las monta en autobús. Hace unos días llevó a Sofía al Teatro Real a ver el ballet El Corsario, pero su presencia apenas trascendió pues entraron con la sala a oscuras y se marcharon por una puerta trasera.
Menos puede ver a Carla, la hija que Erika dejo huérfana con seis años y hoy es una adolescente que reside con su padre, Antonio Vigo. Viven en Aranjuez, donde Antonio imparte clases de escultura en la Universidad Rey Juan Carlos, y su compañera, Laura, que en 2009 le dio otro hijo.
Su nieta pequeña, Amanda, la hija de Telma, de ocho años, vive con su madre en Barcelona. Paloma se escapa cuando puede para estar con ellas, ya que a Telma, de 42 años, que siempre abominó de su faceta mediática, la vida también la ha golpeado. Tras morir su hermana, abandonó su trabajo de cooperante para instalarse en España, donde en 2008 dio a luz a Amanda, fruto de su relación con el abogado Enrique Martín Llop. Tras la desafortunada demanda contra 40 medios que se saldó en fracaso y romper con el abogado, se instaló con su hija en Barcelona. Volvió al protagonismo en 2012, al casarse con Jaime Ignacio del Burgo, un empresario íntimo de Doña Letizia. Su divorcio el verano pasado tras varias crisis en las que Paloma Rocasolano ejerció de mediadora, no sorprendió.
Hoy Telma permanece en Barcelona, donde ejerce como directora de relaciones internacionales en la Escuela de Negocios ESERP, cuyo director, José Daniel Barquero, está muy vinculado a la Casa Real. Allí logra salvaguardar su ansiada privacidad, lo que parece haber amortiguado su animadversión a la prensa. Incluso este año en Zurich se prestó a posar para los fotógrafos junto a la mascota de una escuela de negocios china, algo totalmente inaudito hace una década.

http://www.elmundo.es/loc/2017/02/04/5894c21fca4741b72b8b4692.html

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