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miércoles, 24 de junio de 2015

LOS HOMBRES DE MARUJITA DÍAZ



Muere Marujita Díaz

Antonio Gades, Espartaco, Dinio... Todos los hombres de Marujita


Marujita Díaz -fallecida a los 83 años- fue una estrella en todos los aspectos de su vida. Como las grandes Hollywood, ejerció de diva dentro y fuera de la pantalla. Recorrió el mundo con sus enormes abrigos de piel y su basta colección de joyas -muchas buenas y seguro que alguna no tanto-, ofreció grandes titulares en todas y cada una de sus entrevistas, supo arremangarse cuando tocó hacerlo y, como su íntima amiga -y enemiga- Sara Montiel, suplió la falta de cine con el papel couché.
Las revistas no dudaron en hacerse eco de cada uno de los hombres que pasaron por los brazos de la cantante, pese a que, en los últimos años, estos romances fuesen más fantasía que encuentro carnal. Pero incluso entonces Maruja supo ejercer de artista y llevar al público por donde a ella le apetecía. Para hacer pasar gato por liebre hay que tener talento, y Marujita Díaz lo tenía.
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Su primer gran amor fue Espartaco Santoni. Tras llevar ya casi dos décadas trabajando, la cantante se rindió a los brazos del 'playboy' -en el mejor sentido de la palabra- a mediados de la década de los cincuenta. Se casaron en 1958 en una boda civil celebrada en Venezuela y ahí empezó también el tormento.

El tormento Espartaco

Dos personalidades como las de Marujita y Espartaco solo podían chocar y lo hicieron, ¡vaya si lo hicieron! Cuenta la leyenda que ella llegó a estamparle un cenicero de cristal en la cara que le llevó al hospital por vía de urgencia. Aunque, claro, entre tanta bronca también hubo lugar para la pasión desmedida -otra cosa no, pero Marujita era una mujer fogosa, capaz de lucir escote, y lo que no es escote, pasados los 80-.
Espartaco colmó a la cantante de joyas, regalos, propiedades e impulsó su carrera artística -montaron juntos una productora-. Fue el hombre de su vida, según declaró ella misma, y del que, teóricamente, no se separó hasta la muerte del playboy -por mucho que ambos rehicieron sus vidas, Maruja aseguraba que habían continuado viéndose a lo largo de los años-.
Cinco años permaneció al lado de Santoni hasta que se separaron -por una minucia contaba la cantante, aunque la situación económica de Santoni tampoco ayudó demasiado-. Fue entonces cuando se cruzó en su camino el bailarín Antonio Gades.

Fugaz boda con Antonio Gades

Se conocieron, se enamoraron y prácticamente al mismo tiempo se casaron. Un romance fugaz que acabó en la Iglesia de San Antonio de la Florida, con Lucía Bosé y Luis Escobar como padrinos. A los dos meses ya estaban separados de hecho -para que luego digan que las estrellas del pop actual son demasiado modernas-.
Gades le pidió ayuda económica a su flamante esposa para producir una obra de teatro y ésta, temiéndose que iba a resultar un fracaso, no se la quiso dar. A partir de entonces, ya no tuvieron hora buena -igual que la obra, que dejó al bailarín casi en la ruina-. El matrimonio, finalmente, duró 20 meses, aunque no obtuvieron la nulidad hasta casi 20 años después. Tras estas dos experiencias, ¿cómo iba a fiarse de los hombres la pobre Marujita?
En el impasse hasta su tercera gran relación -al menos, en cuanto a interés mediático-, la cantante tuvo un affaire con el coreógrafo argentino Ricardo Ferrante, que venía de compartir amoríos con María Asquerino y con el que también mantuvo una relación de ámbito profesional hasta que ambos perdieron el interés.

Amores (o montajes) otoñales

A partir de ese momento, la vida sentimental de la cantante fue de lo más convulsa. Se dejó fotografiar con un tal Gino Rimon, modelo de profesión que hacía a las veces de su chófer y cuidador de mascotas, y tuvo un supuesto romance con el torero Álvaro Amores, treinta años más joven que ella y del que tampoco se tuvo más noticias tras unas fotografías acaramelados en un parque. Pero cuando parecía que ya no había esperanza para Marujita llegó el amor desde la lejana y apasionada Cuba.
La relación entre la cantante y el cubano Dinio García fue un auténtico revuelo. No solo por el olor a montaje que tuvo desde el primer momento, sino también por el devenir de la historia. Maruja apareció del brazo de un joven y fornido cubano, con muchas ganas de fiesta y muy poca afición a madrugar, y todo el mundo se llevó las manos a la cabeza.
Aseguraron que lo suyo era amor verdadero y contribuyeron, como nadie, a la farándula nacional. Amor nunca sabremos si hubo, pero cariño quedó -Dinio ha sido uno de los encargados de anunciar el fallecimiento de la actriz a través de Twitter-.
Gracias al empuje de la cantante, el cubano acabó participando en realities, grabando canciones, trayendo a todos sus hermanos a España y adentrándose en el mundo del porno. Y es que cualidades físicas no le sobraban. ¿Cómo se quedarían las amistades de Marujita tras vez la dotación de la que podía presumir el cubano? Sin duda, muertas de envidia.
Los últimos coletazos sentimentales de la cantante fueron con Daniel Ducruet, ex de Estefanía de Mónaco y profesional de la crónica social. Un broche final nada acorde con la gran estrella que era Marujita. Excéntrica, sí, fantasiosa e imaginativa, también, pero gran estrella. Aunque, ¿qué sería de una folclórica sin su mal de amores?

http://www.elmundo.es/loc/2015/06/23/5589795446163f363c8b458e.html

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